2010/08/11

Descanso interrumpido

Lugar: Pub "La Teta Enrroscada"
Hora: 23.45 PM
Planeta: Tierra

La compañía Star Hounds, reunida una vez más alrededor de una copa, se relaja entre el fragor de incontables borrachos inmersos en sus cantinelas sin sentido y peleas varias.

~~~

XP apuró una copa con verdadera ansiedad, mientras Dacat la observó con una sonrisa entre los labios. Tras terminar su bebida, la pobre cosoftiana rompió a llorar desconsoladamente. El tasken rió y expresó con sorna:

- Y una vez más... No sabes beber.
- TÚ NO ME ENTIENDES, SOY UNA INCOMPRENDIDA - gritó desesperada XP, par después volver a llorar.
- Bueno, bueno, calmaos - intervino Tovarich. La Cabra raquítica meneaba su copa, entretenido por el influjo del alcohol.

Mientras, el pequeño Mit rascaba un trozo de carbón sobre un papel. El pequeño esbozo de un sirem empuñando sus armas contra un enemigo aún desconocido se dejaba ver poco a poco. Dacat observaba mientras XP seguía soltando improrperios contra su persona. Apenas nadie percibió la llegada del pequeño Chinler.

- ¡Que alguien le cierre el pico a esa maldita cabra comunista! - gritó alzando el puño.

Fue entonces cuando Tovarich se levantó de su silla. Una diferencia ridículamente destacable apareció entre los dos. Dos metros, nada menos. Pero la verdadera batalla estaba en sus miradas.

- Con una sola mano puedo aplastarte, ¡maldita rata! - amenazó el berim.
- En mi planeta antes había gatos... ¿Sabes que pasó con ellos? ¡Los exterminamos! - respondió Adolf.
- ¡Cuidate, no vayas a perder esa cola mugrienta, nazi asqueroso, hijo de p...! - exclamó Tovarich con toda la pureza y dulzura de su corazón.

Fue entonces cuando Dacat se interpuso entre los dos como mediador. Hizo de punto medio entre sus alturas, haciendo efecto escalera con sus cabezas. Toda una escenita, con la cual todos los presentes se iban agrupando expectantes por la pelea. Tovarich miró de un lado a otro, sorprendido ante la multitud. Carraspeó sonoramente para después decir:

- Está bien, aquí no ocurre nada. Vuelvan a sus mesas, ¡asuntos de los Marines!

Todos, amedrentados por su tamaño y corpulencia (su abrigo de piel cubría su raquitismo), y volvieron a sus asientos como alma que lleva el diablo. Mientras, XP había tomado en brazos a Adolf y le plantó un beso para sorpresa (y asco) de todos. Después se busco un botón, que pulsó provocando las siguientes palabras:

- Iniciando proceso de depuración de alcohol - un leve proceso tras el que volvió a la normalidad, y se llevó las manos a la boca, encontrando pelos de rata - ... ¿Qué es esto? ¿Qué he hecho? ¡Maldita sea, ¿por que me habeis dejado beber?!

Todos entonces desviaron su atención para observar el pilotito blanco que tintineaba en sus muñecas, justamente en sus pulseras de la Marina Espacial. XP, que lo tenía incrustado en la frente, tenía su rostro intermitentemente iluminado por una luz blanca.

- Bueno, caballeros, la fiesta se ha terminado... - suspiró con casi amargura Tovarich. - Vamos a pagar.

Todos se levantaron para dirigirse a la barra, cuando se encontraron a una banda de sepianos.

- Vaya... los calamares del espacio... - susurró Dacat con media sonrisa.

(Se hace un pequeño espacio para comentar acerca
del comentario de Dacat: los sepianos tienen un
aspecto ofensivamente parecido a un calamar.
Para mayores semejanzas, véase el Doctor Zoidberg
-quitad las pizas y teneis un sepiano-)


Los sepianos rieron entonces y empezaron a dirigir comentarios jocosos hacia los Marines. Gran error. Ya que por todos es sabido que los Marines y la Guardia Espacial - a la que estos sepianos pertenecen - se profesan un odio cálido y completamente natural.

- ¡Mirad! ¡Si son Marines jugando a ser mayores! - rió uno de los sepianos.
- ¿Buscas problemas, chato? - preguntó extrañamente provocativa la cosoftiana.
- ¡Déjamelos a mí! - se abrió paso el iti.- ¡Te daré lo tuyo, calamar de mierda!

Sus palabras quedaron en el aire, ya que quedó incosciente por el golpe del sepiano. Todos preparamos nuestras armas, ya fueran como palo de gol o como maza. Pero la mayor pieza se la llevo Mit, que con su puño de Metacero incrustó al mayor de los sepianos contra la pared. Todos, luchadores o no en esa contienda, quedaron pasmados ante aquello, pero fueron los Guardias los que salieron huyendo como conejos.

Mit se rió con aquella risa de ratoncillo, mientras que el resto de los Hounds se dedicaban a cerrarse la boca de puro pasmo. Pero la dura realidad llegó hasta ellos en forma de voz. La de la dueña del pub, para ser exactos.

- ... Vale... ¿Y ahora quién me va a pagar esa pared?


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