2009/07/12

Alian Cradlof. El comienzo de una búsqueda.


La muchedumbre empujaba sin darse cuenta a una pequeña niña perdida.

-¿Papá?¡¿Papá?!-gritó la niña por encima del griterío de la gente corriendo entre lo que se le antojaba un bosque frondoso de personas.

No sabía que estaba pasando, era muy temprano, pero las calles del Capitolio de la Federación, y sobre todo la plaza, estaban atestadas de gente maleducada y gritona. Los presentes agitaban el puño, señalaban cuerpos colgados sobre las plataformas flotantes, quemaban las banderas siempre habían estado ondeando en ese lugar, y ovacionaban a una figura oscura que se dejaba ver sobre la terraza del Palacio de Thyron. La niña rememoro entonces algún momento parecido, en el que seguía a un muchacho que recibía todo su cariño, pero tal era la agitación a su alrededor que el recuerdo de su rostro y su nombre se esfumó rápidamente. Pero siguió recordando la fuerte emoción que sintió, y la imagen del muchacho embravecido, gritando entre la muchedumbre, y sacando la rabia que ardía en su interior. Recordó también que sintió miedo al mirar sus ojos; incluso para su pequeña edad pudo ver furia incontenible. Se mantuvo con la mirada perdida durante algunos segundos, hasta que el empujón de un exaltado le hizo volver a la realidad. La figura a la que todos prestaban atención alzó la mano y la muchedumbre fue callando para no perderse palabra de aquel personaje, y a ella le pareció que fue un truco de magia. El hombre habló y su voz retumbó en el aire.


-Mi estimado pueblo- su voz rotunda inundo la plaza- El nuevo orden ha llegado, y con él los que se opongan a la paz que todos nos esforzamos por construir han de ser...eliminados.

La niña se asustó cuando el ánimo del océano humano que había a su alrededor estallaba en vítores al ver a los nuevos soldados traer a rastras hombres a las plataformas de la Plaza. Justo antes del ajusticiamento de esos infelices una enorme mano se le puso ante los ojos y se quedó ciega.
-¡Por todos los Dioses Liliam!¡Te dije que no miraras las plataformas y que no te separaras de mí!- dijo un enorme hombretón tapando los ojos a la niña con una de sus enormes manos.
-¡Pero papá, yo quiero verlo!¡A la gente le gusta!-protestó la niña andando torpemente sin poder ver gracias a la enorme mano de su padre.
-La gente se ha vuelto loca.-respondió él, más para sí mismo que para la niña.

El hombretón y la niña pequeña se movían entre la gente con grandes dificultades, levantando protestas por allí por donde pasaban, pues no había más remedio que empujar a la gente para poder moverse. El hombretón se paró un momento, alguien protestó.
-Eh, tu. Apártate bestia, nos oscureces el sol.-la gente se iba alejando del que protestaba pues vieron que el hombretón podía machacarlo cuando quisiera de una solemne torta. Sin embargo, el hombretón sonrió y dijo tímidamente.
-Oh, perdone.
Dicho esto se agachó a la altura de su hija.
-Liliam, escuchame bien. Te voy a subir a mis hombros...
-¡Si, si! ¡Caballito, caballito!-dijo la niña alargando los brazos.
-No, espera, escuchame. Te voy a subir, pero te tienes que tapar los ojos. ¿De acuerdo?
-¿Pero por qué?
-Prométemelo.-dijo él desesperándose al ver que la niña giraba violentamente la cabeza en señal de negación.¡¡Prométemelo Liliam!!
-¡No!
-¡Hazlo por Lorem!-dijo señalando el cielo.
La niña dejó de patalear y de protestar y se puso totalmente seria.
-De acuerdo.
Hacía poco tiempo había convencido a su hija de que su querido hermano había desaparecido en el lejano espacio de Haviarl , convirtiéndose en una estrella.
Montada ya sobre sus hombros y ella con los ojos tapados y cerrados intentaron salir de allí. Pero llegaron hasta unos soldados con los nuevos uniformes.
-¡Alto!-dijo uno de los nuevos soldados.
-Perdonen, solo quiero salir de esta locura.
-Por aquí solo se llega al edificio de tácticas espaciales.
-¿Y por qué hay tanta gente?
-Hay convocatorias para cadetes en misión urgente en la galaxia Haviarl.
Él abrió los ojos como platos. La última vez que oyó el nombre se trataba para anunciarle que su hijo Lorem había desaparecido en combate en extrañas circunstancias.
-Dígame cómo alistarme. Mi nombre es Alian Cradlof.



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